domingo, 31 de julio de 2016

JAZZALDI 2016, PARTE 2: MAS GRANDES QUE LA PUTA VIDA!


Sábado, 23 de Julio. Nos dirigimos al Kursaal para presenciar un evento muy interesante. La quedada era a las 18:30. El trompetista Ibrahim Maalouf y su banda nos recitaron con un "show" enérgico y diferente. Diferente al concepto que tenía de un directo de jazz. Desde el primer momento Ibrahim hizo de maestro de ceremonias, y el concierto parecía una fiesta. Momentos electrónicos, momentos batucada, y momentos donde nos pedía que coreáramos (quizás abusó de esto último). Presentaba disco nuevo, y se ganó al público desde el primer instante. La banda muy buena, sobretodo el bajista (en los pocos momentos en los que apareció fue de lo mejor) y el inmenso batería (vaya pegada!). Los mejores momentos fueron cuando Maalouf nos demostraba su maestría a la trompeta, vaya "crack". Concierto diferente, en algunos momentos muy fiestero, pero reseñable!! La gente disfrutó de lo lindo.

Después del concierto, vimos algunos conciertos en la calle. Cenar y nos dirigimos a la playa, donde tendríamos un concierto de blues/rockabilly. Nick Waterhouse llenó la playa al ritmo de su guitarreo, que a veces evocaba a Elvis, otras a los Beatles, otras a Van Morrison,...donde puso a todo el mundo a bailar!! Como único pero, que el concierto se hizo algo monótono hacia el final. Puede ser que el cansancio hiciera mella en nosotros. Llevábamos 3 día de jazzaldi, y todavía quedaban 2 días más!!


24 de Julio, Domingo. Volvemos a Donosti. A las 18:30 tendríamos el privilegio de degustar un nuevo concierto de Ghost Number & His Tipsy Gypsies. Folk, country, swing, sonidos del este,...una amalgama de estilos que conbinan a la perfección para delicia del respetable. Se juntaron muchos melómanos para degustar de un grupo tan especial. La traca final con "Dark night stomp" fue de órdago. 

A la noche vimos bastantes conciertos en la calle hasta que empezó el "show" de Charles Bradley y su banda. La playa estaba a reventar. Y no es para menos, puesto que Bradley desprende un aura que te hipnotiza desde que pisa el escenario. Las dos veces que apareció en escena lo hizo con diferente ropa (ambas muy llamativas). Soul, rock,...bañado con un carisma que quita el hipo; no en vano se le compara con un mito como James Brown. Sus movimientos, bailes, personal voz,...se mezclaba con la grandeza de su banda. Todo ello, con un final más que emotivo. Sonó una versión de Black Sabbath (Changes), y al final de la canción, el bueno de Bradley bajó donde sus admiradores, donde se fundió en un emotivo y sincero abrazo. Un momento grandioso, como su música. Lo único, decir que se hizo muy corto (apenas hora y cuarto). Esperábamos que volviera, pero el concierto dio a su fin!!


Y el 25 de Julio, Lunes, la traca final. Christian Scott y su banda nos iluminaron en un concierto que empezó a las 23.30. El Kursaal no presentaba un llenazo, pero los asistentes a dicho evento nos quedamos de piedra ante lo que nos vino encima. Un grupo de jovenzuelos, liderados por Christian Scott (trompeta), un músico que en un principio parecía un poco prepotente con esa pose de malote, pero que luego demostró su simpatía y entrega (solo con el momento donde presentó a su banda, entre bromas y admiración a sus compañeros, vimos a un músico muy entregado a su arte). Braxton Cook (saxo alto), Lawrence Fields (piano), Kris Funn (contrabajo), Corey Fonville (batería) y la guapísima Elena Pinderhughes (flauta) completaban este genial "dream-team". La verdad es que Scott apareció poco en escena. Es decir, todos los miembros de la banda tuvieron la misma importancia tocando, pero en los retazos en los que el líder salía en escena, parecía que el mundo se paralizaba. Su jazz es un soplo de aire fresco. Originales, arriesgados, saliéndose de toda norma, y convirtiéndose en uno de los grupos jazz más rompedores del momento, estos norteamericanos demostraron su grandeza, pese a su juventud. Presentaban su último disco, que es una puta locura, una maravilla, donde el free jazz más loco se conbina con pasajes más tranquilos y melódicos. Todo tiene cabida en el universo Scott. Los músicos se apartaban cuando tocaban su parte, y era muy emotivo cuando cualquiera de los 3 (trompeta, saxo o flauta) aparecían en escena y tocaban sus partes surrealistas. Increíble describir semejante locura. Además terminan el "show" con una versión de John Coltrane. Putos amos, grande Christian Scott y su banda. Un ejemplo de entrega y genialidad!! Hacen comprensible lo incomprensible.

Genial final para un jazzaldi increíble. Hasta el siguiente año!!

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