miércoles, 23 de noviembre de 2016

LIBROS: GILES, EL NIÑO-CABRA (JOHN BARTH)


Concebida como una parodia del Ur-mito (inspirada en los trabajos de Otto Rank y Joseph Campbell) y una alegoría de la guerra fría en clave de novela de campus (Barth pasó gran parte de su vida en los pasillos de la universidad), Giles, el niño-cabra es una prodigiosa locura llena de humor, sabiduría y desencanto, un texto complejo y carnavalesco, ambicioso y divertido, donde lo mitológico, lo teológico, lo académico y lo caprino se (con)funden, también en el léxico. Así, el universo es la Universidad; el Juicio Final, el temido examen final que hay que aprobar; y Giles, un joven criado entre cabras, el héroe destinado a convertirse en Gran Maestro o líder espiritual de la Facultad de New Tammany (trasunto de los EEUU) y del Campus Occidental, el único capaz de penetrar en el interior del ORDACO, un intrincado y monstruoso sistema que puede simular cualquier actividad humana (cálculo, impulso sexual, emociones,..) y desprogramarlo. ¿Lo logrará?

¿Cómo explicar esta locura narrativa de 1115 páginas? Lo mejor es dejarse atrapar ante tal desproporcionada obra sin saber nada. Es decir, viajar ante las inmensas aventuras de nuestro protagonista y sus inmensos secundarios (una de los puntos fuertes del libro son los personajes que poblan la obra), y dejarse llevar ante el alucinógeno e surrealista mundo que plantea Barth. Personajes "kafkianos", situaciones imprevistas y originales. No hay que buscar la lógica en esta satírica obra. Barth es uno de los maestros del postmodernismo estadounidense (junto a Gaddis, Barthelme, Pynchon, Coover, Hawkes,....y siguen las firmas), y sabido es lo arriesgado y complicado de dichas obras. La originalidad, magia, locura,....de dichas obras, donde es difícil captar todas las capas del libro, pero que engancha más que cualquier droga dura. Es complicado definir la obra, y enterarse de todo lo que nos quiere decir Barth (nos habla de muchas cosas, y todo ello bajo un humor corrosivo e hilarante). Hay pasajes que no hay que tomarse muy en serio (ironía en estado puro, o por lo extravagante de la secuencia), pero la manera de narrar de Barth es una delicia. Una montaña rusa de palabras "extrañas", y donde hay muchos momentos para filosofar. Se podría decir que es un libro que requiere unas cuantas relecturas.

Publicada en 1966, estamos ante una obra de culto que merece por lo menos una oportunidad. Obra maestra (Barth es uno de esos escritores desconocidos para la gran mayoría, que tiene unas obras más que interesantes), que te transporta a otro mundo, un mundo tan loco y complicado como el que vivimos, pero quizás, más obsceno, divertido e inquietante. Capitulo aparte a la grandiosa traducción (no tuvo que ser nada fácil) de Mariano Peyrou).